
La infancia y la adolescencia son etapas en las que se producen importantes cambios emocionales, sociales y personales. En algunos momentos pueden aparecer dificultades que el niño, el adolescente o que vosotros, como familia no sabéis cómo afrontar.
Como psicóloga, trato de ofrecer un espacio seguro en el que niños y adolescentes pueden comprender mejor lo que les ocurre, expresar sus emociones, aprender nuevas formas de afrontar las dificultades y desarrollar recursos que les ayuden en su día a día.
Mi objetivo no es únicamente reducir aquello que genera malestar, sino también favorecer el autoconocimiento, la autonomía, el bienestar emocional y unas relaciones saludables con los demás.
¿Qué podemos trabajar en terapia?
Mi intervención se adapta a las necesidades de cada niño o adolescente y puede abordar, entre otras, las siguientes áreas:
- Autoconocimiento y autoestima: conocerse mejor, identificar fortalezas y dificultades y construir una imagen más ajustada y positiva de uno mismo.
- Inteligencia y regulación emocional: aprender a identificar, comprender, expresar y manejar las emociones.
- Habilidades sociales: mejorar la comunicación, las relaciones con los demás, la asertividad y la resolución de conflictos.
- Estrategias de afrontamiento: desarrollar recursos para enfrentarse a situaciones difíciles, preocupaciones, miedos, frustraciones o cambios.
- Conducta, motivación y hábitos: establecer rutinas, mejorar la autonomía, favorecer hábitos adecuados y aprender estrategias para regular la propia conducta.
Además, la intervención puede dirigirse a dificultades concretas relacionadas con la ansiedad, los miedos, la autoestima, la regulación emocional, las relaciones sociales, la sexualidad, las dificultades en los estudios, la conducta, la adaptación a cambios o determinadas dificultades asociadas al TDAH y otros problemas del desarrollo.
Una terapia adaptada a cada edad
Un niño no expresa sus dificultades de la misma manera que un adulto, y tampoco tiene por qué poder explicarlas con palabras.
Por eso, trato de adaptar la terapia a la edad, el momento evolutivo y las características de cada menor. Durante las sesiones, utilizamos juegos, cuentos, actividades creativas, materiales visuales, dinámicas, ejercicios prácticos y conversaciones.
En adolescentes, también adapto las técnicas, actividades y espacios a la etapa adolescente, utilizando recursos como dinámicas, metáforas, tarjetas, juegos terapéuticos o situaciones de su vida cotidiana, favoreciendo su autonomía, participación y confianza.
El objetivo es que lo aprendido en consulta pueda trasladarse a situaciones reales de su vida cotidiana.

Confidencialidad: también para niños y adolescentes
Los niños y adolescentes también necesitan sentir que la consulta es un espacio seguro y de confianza.
Por este motivo, lo que comparten durante las sesiones se trata de forma confidencial. Esta confidencialidad solo puede romperse en las situaciones excepcionales previstas profesional y legalmente, por ejemplo, cuando exista un riesgo grave para el propio menor o para otras personas.
Sin embargo, siempre que se considere adecuado, las familias reciben información sobre la evolución general del proceso o las pautas que pueden aplicar en casa, preservando siempre el espacio de intimidad que el niño o adolescente necesita para establecer una adecuada relación terapéutica.
Un trabajo conjunto
La terapia infantojuvenil implica comprender al niño o adolescente dentro de su contexto familiar, escolar y social.
Por ello, mi forma de trabajar busca que menor, familia y terapeuta puedan trabajar conjuntamente para comprender qué está ocurriendo, desarrollar nuevas herramientas y favorecer que los cambios conseguidos en consulta puedan mantenerse también fuera de ella.
Cada niño y adolescente es diferente. La intervención también debe serlo.